La rápida ofensiva que en marzo-abril de 1938 llevó al ejército
nacional hasta el Mediterráneo partiendo en dos la zona republicana
contó con la participación de todas sus unidades de blindados (con la
excepción de la Agrupación de Carros del Ejército del Sur).
Lo que posteriormente se denominaría, desde los púlpitos franquistas, como «epopeya del Baleares», o «heroico y glorioso fin del crucero Baleares», desde un punto de vista aséptico y, por lo tanto, recabando los hechos desde fuentes diversas, pero coincidentes en los datos, nos llevan a los siguientes perfiles, que constituyen el objeto de la adaptación cinematográfica, que en 1941, y bajo la dirección de Enrique del Campo, se rubricó con el título de El crucero Baleares.
Dentro de la convulsionada guerra civil española y la estrategia republicana de reconquistar la superioridad naval para mejorar sus defensas, ha de ubicarse la acción militar que acabó con el crucero, considerado como uno de los buques insignia de la marina de la zona nacional. Así, en la madrugada del día 6 de marzo de 1938, la escuadra republicana, bajo el mando del almirante González Ubieta, logra en aguas de Cartagena un impacto directo bajo la línea de flotación del crucero Baleares, que escoltaba un convoy con destino a Palma de Mallorca1. Rematado por la flota enemiga, el buque de guerra nacionalista fue hundido irremisiblemente, arrastrando tras de sí cerca de 800 víctimas -incluido el almirante Vierna, comandante de la flota- y sobreviviendo 435 tripulantes gracias a la acción de tres destructores británicos. La población costera, al decir de las crónicas, recibió con júbilo el resultado de la batalla, dedicando incluso una canción a la hazaña.
El crucero hundido -que, anecdóticamente, Don Juan de Borbón pidió servir en él durante la conflagración fratricida-, de diez mil toneladas, fue requisado por las tropas alzadas al encontrarse en los astilleros de El Ferrol en 1936 junto al Canarias -de las mismas características. Tras entrar en servicio en febrero de 1937, realizó diversas acciones contra las costas republicanas, especialmente en el sur.
La pérdida de la embarcación provocó una enorme consternación en el bando nacional.
El viernes 19 de Mayo de 1939 sería el día elegido para celebrar la
victoria de los ejércitos de Franco, con una parada militar como nunca
se había visto en España. Este evento pondría un grandioso punto y
final a una serie de desfiles y actos que se habían venido celebrando
por toda España desde el final de la guerra. En el mismo participarían
cerca de doscientos mil hombres pertenecientes a todas las armas y a la
mayoría de las unidades que habían tomado parte en la contienda,
incluyendo las italianas del CTV y la Legión Cóndor alemana, ignorado
de este modo la petición que hicieron los emisarios del coronel Casado.
Los papeles de Franco ya están en un archivo público. Cualquiera puede
consultarlos en el Centro Documental de la Memoria Histórica, en
Salamanca, que recibió en octubre los rollos de microfilme que habían
permanecido guardados seis años en la caja de seguridad del Ministerio
de Cultura. Ocultos, como si quemasen. Son copias de 27.490 documentos
(más de 100.000 páginas) pertenecientes a la Fundación Francisco
Franco, que ha custodiado los originales con hermetismo y sin las
garantías de acceso de un archivo público. Desde la muerte del
dictador, los papeles permanecieron hasta los años ochenta en casa de
su viuda, Carmen Polo. Fue ella quien invitó al historiador
medievalista Luis Suárez Fernández a examinarlos. "Descubrí una
documentación desordenada y valiosa, que me costó cinco años ordenar,
pero no tuve ningún monopolio. Procuré ayudar a muchas personas",
explicó a este diario. Suárez, que exigió trabajar con fotocopias "para
evitar problemas", publicó el resultado de su investigación en Franco y su tiempo, revisado y corregido en Franco. Crónica de un tiempo.
Además, supervisó la publicación de seis volúmenes con documentos hasta
1942. "Luego el proyecto se paró por falta de dinero", indicó. Lo
cierto es que historiadores como Paul Preston, autor de una celebrada
biografía sobre Franco, no tuvieron acceso al material de la fundación,
que abarca desde 1938 a 1976. Incluso Javier Tusell recurrió a Luis
Suárez para acceder a papeles sobre el atentado de Carrero Blanco. Tras
la ayuda de 150.841,22 euros concedida por el Ministerio de Cultura
entre 2000 y 2003 para digitalizar los papeles, la Fundación Francisco
Franco entregó a cambio una copia a la Administración que,
paradójicamente, permaneció guardada en la caja de seguridad
ministerial. EL PAÍS ha seleccionado algunos documentos interesantes
que ya son accesibles en Salamanca.
En cumplimiento de la directiva de Mola del 4 de octubre, el día 8 llegaban a Navalperal de Pinares las columnas abulenses de Merlo y Santa Pau y a San Martín de Valdeiglesias las marroquíes de Delgado., Serrano y Castejón y la de Caballería de Monasterio. Pero Rada, Nevado y la caballería de Cebollino no pudieron apoderarse de Cebreros hasta el 10 y las columnas de Del Rosal y López Tienda lograron escapar al cerco, si bien con dificultades y graves pérdidas. Reanudado el avance el 14, Barrón y Monasterio alcanzaban por el Sur, el 18, la línea Illescas-Añover de Tajo, fijada por Mola, pero Asensio y Delgado Serrano no llegaron al río Guadarrama hasta el 21, por Navalcarnero y hasta final de mes por Brunete. Más al Norte el avance se había detenido en Robledo de Chavela y Chapinería. La contraofensiva de Pozas del 29 de octubre frenó dos días a Varela, que el 4 de noviembre llegaba a la carretera Alcorcón-Leganés-Getafe y el 6 a los arrabales de Madrid.
Franco
y sus consejeros militares venían preparando desde el verano de 1939 un
detallado (y secreto) plan para atacar la base británica de Gibraltar y
cerrar el Estrecho. Fue concebido como una operación puramente española
y se estableció mucho antes de que los alemanes consideraran siquiera
tal posibilidad en su conocido "Plan FELIX" de noviembre de 1940.
Documentos inéditos procedentes de archivos militares españoles,
recientemente desclasificados, permiten establecer la verdad sobre la
supuesta neutralidad española durante los primeros años de la Segunda
Guerra Mundial. España mantuvo abiertas las puertas para esta operación
ofensiva, llevando a cabo preparativos militares intensivos, hasta el
ataque alemán a la URSS en el verano de 1941. (A.)