Santos Juliá expone en un artículo
publicado en El País el 25 de junio una tesis sobre la naturaleza de la
Guerra Civil española que puede resumirse en la frase con que el
propio periódico la sintetiza: “Las matanzas en el bando antifranquista
durante la Guerra Civil no fueron de los republicanos, sino de los
partidarios de una revolución social que, de haber triunfado, también
hubiera supuesto el fin de la República”.
La tesis no es nueva. Es la de los sublevados –que pretendían que su
objetivo era prevenir una imaginaria insurrección comunista–, la de la
carta colectiva de los obispos o la del revisionismo neofranquista de
nuestros días. No es de extrañar que la caverna de Intereconomía haya
reaccionado con voces de júbilo para celebrar el regreso del hijo
pródigo a la verdadera fe.
Los papeles de Franco ya están en un archivo público. Cualquiera puede
consultarlos en el Centro Documental de la Memoria Histórica, en
Salamanca, que recibió en octubre los rollos de microfilme que habían
permanecido guardados seis años en la caja de seguridad del Ministerio
de Cultura. Ocultos, como si quemasen. Son copias de 27.490 documentos
(más de 100.000 páginas) pertenecientes a la Fundación Francisco
Franco, que ha custodiado los originales con hermetismo y sin las
garantías de acceso de un archivo público. Desde la muerte del
dictador, los papeles permanecieron hasta los años ochenta en casa de
su viuda, Carmen Polo. Fue ella quien invitó al historiador
medievalista Luis Suárez Fernández a examinarlos. "Descubrí una
documentación desordenada y valiosa, que me costó cinco años ordenar,
pero no tuve ningún monopolio. Procuré ayudar a muchas personas",
explicó a este diario. Suárez, que exigió trabajar con fotocopias "para
evitar problemas", publicó el resultado de su investigación en Franco y su tiempo, revisado y corregido en Franco. Crónica de un tiempo.
Además, supervisó la publicación de seis volúmenes con documentos hasta
1942. "Luego el proyecto se paró por falta de dinero", indicó. Lo
cierto es que historiadores como Paul Preston, autor de una celebrada
biografía sobre Franco, no tuvieron acceso al material de la fundación,
que abarca desde 1938 a 1976. Incluso Javier Tusell recurrió a Luis
Suárez para acceder a papeles sobre el atentado de Carrero Blanco. Tras
la ayuda de 150.841,22 euros concedida por el Ministerio de Cultura
entre 2000 y 2003 para digitalizar los papeles, la Fundación Francisco
Franco entregó a cambio una copia a la Administración que,
paradójicamente, permaneció guardada en la caja de seguridad
ministerial. EL PAÍS ha seleccionado algunos documentos interesantes
que ya son accesibles en Salamanca.
Documento en pdf de Felix Morrow. Son 100 páginas:
Más de seis décadas después del final de la guerra civil española, todavía existe mucho
interés en los acontecimientos que llevaron a la revolución española de 1931-37 y a la
guerra civil española (1936-1939). Al reeditar estos dos textos de Félix Morrow, agotados
desde hace tiempo en castellano, queremos volver a poner a disposición del lector dos de
los análisis descriptivos y más agudos escritos sobre la guerra civil española y los
acontecimientos que la precedieron. La obra de Félix Morrow, escrita al calor de los
acontecimientos, posee una vigencia extraordinaria.
Félix Morrow fue dirigente del Socialist Workers Party (Partido Socialista de los
Trabajadores de EEUU) y miembro del consejo de redacción del semanario Socialist
Appeal, que publicó sus extensas crónicas de la guerra civil. Fue uno de los dieciocho
trotskistas estadounidenses condenados en el tristemente célebre Juicio Laboral de
Minneápolis de 1941, donde por primera vez se aplicó la ley Smith*. Después de la II
Guerra Mundial rompió con el SWP.
La Guerra Civil en España: ¿Hacia el socialismo o el fascismo? fue terminado dos meses
después de la insurrección de Franco y publicado por Pioneer Publishers de Nueva York
en forma de folleto. Su objetivo era proporcionar una historia política de la República
española desde sus inicios en 1931 hasta la insurrección fascista de julio de 1936. La
insurrección provocó un gran estallido de masas en toda España, que exigían armas para
combatir a los fascistas, además de una profunda revolución social, y donde los
trabajadores tomaron fábricas y tierras, incluso tiendas y cafés para garantizar una
organización una lucha eficaz contra Franco. Se creó una red de milicias populares bajo el
control de las organizaciones obreras. En septiembre, cuando este folleto salió a la luz, el
gobierno frentepopulista ya había tomado el control de la lucha militar y comenzaba a
restablecer su autoridad con la complicidad de los dirigentes de las organizaciones obreras.
El autor terminó de redactar Revolución y Contrarrevolución en España en noviembre de
1937, cuando el ala izquierda del movimiento republicano español ya había sido aplastada
y enviada a la clandestinidad en Barcelona, en el mes de mayo. Con la destrucción del ala
de izquierdas, las esperanzas de una victoria republicana desaparecieron rápidamente.
Cuando el autor publicó su posdata en mayo de 1938, el resultado de la guerra civil era
claro para todo el que quisiera entender.
Carlos Olazabal, portavoz del Partido Popular en las Juntas Generales
de Vizcaya, ha reunido cerca de un millar de documentos, procedentes de
archivos españoles e italianos, en la obra Pactos y traiciones. Los archivos secretos de la guerra en Euzkadi.
Los papeles rescatados por Olazabal muestran que la negociación llevada
a cabo por el PNV para lograr la rendición de los batallones vascos
ante las tropas italianas en 1937, el denominado Pacto de Santoña,
comenzó mucho antes de la caída del frente norte en manos de los
franquistas. "No fue una rendición sobrevenida, sino fraguada desde
muchos meses atrás", defiende Olazabal.
Entre un montón de escombros. Así han encontrado un pedazo de la
historia de España en Priego de Córdoba. Ni más ni menos que una
película muda de 16 minutos en la que se narra la toma de posesión,
como primer presidente de la II República, del hijo más famoso del
pueblo: Niceto Alcalá Zamora, el 11 de diciembre de 1931.