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Es
harto complicado rebatir o aclarar
objetivamente determinados hechos históricos
cuando dichos hechos se han mantenido
como verdades absolutas durante largas
décadas, como es en el caso general
de nuestra última guerra civil, máxime
al sufrir a posteriori tan dilatado
período de adoctrinamiento
partidista, que no propició
precisamente una aproximación más
real y objetiva a ellos.
Buena
prueba es que acciones tales como el
bombardeo de Guernica a cargo de la
aviación nacional, en su caso de la
Legión Cóndor en abril de 1937,
admitida por el propio gobierno alemán
actual, siguen, aún hoy en día sin
ser aceptada totalmente por algunos
recalcitrantes historiadores con
nombre propio, vestigios de viejas y
caducas ideologías, empeñados en
mantener una versión inamovible y por
supuesto partidista.
Otro
hecho, en este caso acaecido en Aragón,
es la destrucción sufrida, en junio
de 1938, por los valles de Gistau y
Bielsa, que ha sido desde aquellas
fechas hasta casi las actuales,
atribuida única y exclusivamente a la
responsabilidad e intervención de la
43ª División republicana, autora,
según las mismas fuentes, de aquella
masiva aniquilación de todos sus núcleos
rurales y urbanos.
Es
indudable que las unidades
republicanas, camino ya de la frontera
y por tanto en retirada, procedieron a
demoler y destruir objetivos estratégicos
o el material rodante que no pudieron
replegar físicamente a Francia. Del
mismo modo que resulta innegable que
en determinadas ocasiones el bando
republicano procedió a demoler o
incendiar posiciones muy determinadas
ante la inminente caída de éstas en
manos del enemigo, actitud llamémosla
"normal" en cualquier ejército
con indiferencia de la época.
Pero
igualmente también cabe reconocer
como un hecho indiscutible, que el ejército
nacional, que mantuvo un férreo cerco
de fuego sobre la zona, no pudo
resultar totalmente inocente en
aquella misma destrucción, ya que,
durante los largos días que duró el
asedio y al utilizar masiva e
indiscriminadamente su artillería o
los morteros, y sólo en el plano
humano, fueron la principal causa del
60 % de las bajas sufridas por los
defensores republicanos, en muchos
casos, atrincherados como es lógico
en los propios núcleos urbanos.
Buena
muestra de dicha hipocresía histórica
son las siguientes líneas extraídas
de un conocido militar nacional, José
María de Lojendio, que sin rubor
explica su particular visión de
aquellos hechos, obviando la dura
intervención de las tropas de su
bando, y cargando así toda la responsabilidad
sobre el ejército enemigo:
“Concluía
esta brillante campaña de la 3ª
División de Navarra con la amargura y
el dolor que produce el ver los
pueblos deshechos, las casas saqueadas
y las poblaciones civiles obligadas a
evacuar y marchar hacia Francia por
los caminos perdidos entre las nieves
de la montaña. Con esta evacuación
trágica y despiadada quisieron los
marxistas impresionar, a base de una
propaganda sentimental, a los públicos
del otro lado del Pirineo. Obligaron a
los ancianos, a las mujeres y a los niños
a seguirles en su fuga desmoralizada.
Y para forzarles a ello destrozaban e
incendiaban esas pobres casas
aldeanas, refugio de familias
humildes, trabajadoras y honestas, que
albergaron en paz, hasta la llegada
del marxismo”
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